Planas, Testimony of an ethnocide

Retrospectiva Clásicos Ópera Prima - 65 Años FICCI
Cortometrajes
Título original
Planas, Testimonio de un etnocidio

Tras siglos de explotación por parte de colonos y terratenientes, la comunidad Guahibo en el Vichada se organizó en una cooperativa indígena que le permitiera negociar en mejores condiciones con sus antiguos explotadores. En respuesta, y haciendo uso de los aparatos estatales y del poder represivo, los terratenientes desataron una violencia brutal contra la comunidad de Planas, provocando una masacre que dejó muertos, torturados y encarcelamientos infrahumanos.

Estrenada en 1972, ganadora de Mejor Película en el FICCI de ese año y de la Paloma de Oro en el Festival Internacional de Cine Documental de Leipzig —plataforma clave para la visibilización del nuevo cine latinoamericano en esa década—, la primera colaboración entre Jorge Silva y Marta Rodríguez es una obra profundamente contestataria. Cámara, música y montaje se integran aquí en un gesto de denuncia y justicia social que revela la persecución histórica contra los pueblos indígenas y su abandono por parte del Estado.

La restauración de esta copia de proyección fue realizada entre 2020 y 2021 por el equipo de la Fundación Cine Documental, bajo la dirección y supervisión de Felipe Colmenares, con apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia, e incluye fragmentos inéditos de la versión presentada en Leipzig.

Manuel Zuluaga

Producción
Fundacion Cine Documental
Fotografía
Jorge Silva
Diseño Sonoro | Sonido Directo
Marta Rodriguez
Montaje
Jorge Silva, Marta Rodriguez
Teatro Adolfo Mejía
Documental
Colombia
1971
37min
Español
Marta Rodríguez
Jorge Silva
Colombia

Marta Rodríguez nació el 1 de diciembre de 1933 en Bogotá. En 1951 viajó a España con la intención de estudiar filosofía; sin embargo, abandonó esos estudios al verse confrontada con la fuerte influencia de la ideología fascista del régimen de Francisco Franco en las ciencias humanas de la época.


En 1961, tras formarse en sociología y antropología en la Universidad Nacional de Colombia, se trasladó a París para estudiar cine y etnología bajo la guía de Jean Rouch. La influencia de Rouch y del movimiento del Cinéma Vérité resultó decisiva en la construcción de su mirada cinematográfica, caracterizada por una profunda sensibilidad social y un compromiso ético con las comunidades retratadas.


De regreso en Colombia en 1965, comenzó a trabajar en los barrios populares de Bogotá, donde consolidó su práctica documental. Allí realizó su primer largometraje, Chircales (1971). Entre sus películas más destacadas se encuentran Nuestra voz de tierra (1982) y Amor, mujeres y flores (1988).


A lo largo de más de seis décadas de trayectoria, Marta Rodríguez ha dedicado su obra a visibilizar las luchas populares, desarrollando un lenguaje documental propio que la ha consagrado como una de las figuras más influyentes del cine colombiano y latinoamericano. Además de ser pionera del cine documental en la región, ha sido precursora del cine indígena, promoviendo procesos de formación audiovisual y fortaleciendo la autonomía narrativa de comunidades originarias.
Su labor ha sido reconocida con numerosos premios y distinciones por el valor artístico y el rigor ético de su trabajo, así como por una vida consagrada al cine. Sus películas han sido exhibidas en festivales internacionales de gran prestigio, como el Festival Internacional de Cine de Berlín y el Festival de Cannes (sección Cannes Classics). En 2025 fue nombrada por el gobierno francés Caballera de la Orden de las Artes y las Letras, en reconocimiento a su aporte fundamental al cine documental y a la cultura.