Una escritura en apariencias: la Ciudad Perdida en nuestro interior
Por Mariana Fortich
Inicia la función y seis minutos de pantalla negra se apoderan de la sala. ¿Falla técnica? No, todo fue producto del ingenio del director colombiano Nicolás Cifuentes, quién pisó fuerte en la edición 65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) con su documental Una escritura en apariencias, creado y producido bajo una estética innovadora que invita a la contemplación, pues el límite de lo visible es el sonido.
Las paredes del Teatro Adolfo Mejía fueron tomadas por los sonidos ambientales, las imágenes degradadas y un concepto alejado de una mirada expositiva. El documental presentado se desarrolla en el contexto de las visitas a Teyuna, la Ciudad Perdida de los tayronas, y de las bondades que este sitio sagrado brinda en aspectos sensoriales, espirituales y de revelación, donde el significado encuentra complacencia en la sensibilidad.
La proyección se caracteriza por numerosos elementos: poesías creacionistas (tanto narradas como escritas), escenas exclusivamente auditivas, escenas únicamente visuales y mensajes que invitan a la reflexión. El medio es mostrar y hacer que se conozca la Ciudad Perdida, el fin es lograr que los espectadores trasladen lo que ven y oyen para experimentar lo mágico y poderoso de estas tierras, así como de las creencias indígenas y culturales que las rodean. De acuerdo con el director colombiano, se trata de observar el paisaje exterior para resignificar nuestros paisajes interiores mediante la escucha y el entendimiento a través del poder del pensamiento.
En el largometraje Una escritura en apariencias, Cifuentes no solo nos recordó la sublimidad e inmensidad de la naturaleza, sino que, además, logró reafirmar, por medio de este concepto comparativo entre lo físico y espiritual, que cada uno de nosotros tiene un Teyuna interior, un mundo que habla por sí mismo y que debemos aprender a escuchar y reconocer, aunque no se comunique a través de palabras, pues allí radica el verdadero don de la comunicación.
Finaliza la función y seis minutos de pantalla negra se apoderan de la sala. No, no es una falla técnica. Es el momento en el que el documental deja de proyectarse afuera y comienza a habitar en quien lo ha comprendido.