Un clásico sigue resonando en el FICCI

Por Ruthneis Castaño

La sala está llena y las risas resuenan apareciendo en momentos inesperados, rompiendo el silencio que suele acompañar las historias más crudas. Décadas después de su estreno, Rodrigo D. No futuro vuelve a proyectarse, esta vez en el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), y confirma que su impacto no pertenece únicamente a una época.

La proyección de la película fue un homenaje a Víctor Gaviria, la cuál consiguió reunir a decenas de personas que colmaron todo el salón del Teatro Adolfo Mejía en Cartagena de Indias. El público respondió con atención, pero también con una cercanía inesperada frente a una historia marcada por la marginalidad y la desesperanza, ya que lejos de generar únicamente incomodidad, la película hizo que la sala se llenara de risas, evidenciando en el público una conexión con los personajes y sus dinámicas de vida.

Esa conexión en particular también se reflejó en los comentarios de algunos de los espectadores. Para uno de ellos, la película “es un tema totalmente colombiano, y es una muestra o un ejemplo para la nueva generación, las cosas no se consiguen sólo con fuerza, también se necesita sacrificio y dedicación”. Otra espectadora señaló que “cuenta muy bien cómo era la realidad, en su momento, de muchas comunas”, destacando su valor como retrato social.

También hubo espacio para interpretaciones más íntimas. Una asistente resaltó “la importancia de la figura de un padre en la vida de un joven en una vida tan difícil” y recordó una escena puntual, cuando el padre le pide al muchacho acompañar a un hombre en el bus, lo que describió como “una escena maestra”. 

A medida que avanzaba la proyección, la obra mantenía su fuerza no solo por lo que cuenta acerca de la vida de jóvenes atrapados en un entorno sin oportunidades, sino por la forma en la que lo representa, manteniendo su sencillez y su crudeza característica. La reacción del público dejó claro que, más allá de los años ochenta en los que está ambientada, la sensación de incertidumbre que atraviesa la historia, cobra sentido aún en la actualidad.

Al terminar la función se dio uno de los momentos más emotivos. La presencia de Gaviria en el salón marcó el cierre de la proyección, debido a que su aparición no solo reafirmó el carácter del homenaje, sino que también evidenció el lugar que ocupa su obra dentro del cine colombiano.