Natalia Reyes: una trayectoria internacional en un cine que aún busca alcance
Por Natalia Yáñez
“¿Quién podía soñar con dedic“¿Quién podía soñar con dedicarse a vivir del cine? O sea, era imposible”. Con esa frase, Natalia Reyes no solo recordó sus inicios: también puso en perspectiva el camino que hoy la lleva a recibir el Premio Salvo Basile a la trayectoria internacional en los Premios India Catalina. Un reconocimiento que, más que cerrar una etapa, evidencia lo poco común que sigue siendo lograr una proyección global desde Colombia.
Durante la conversación, Reyes reconstruyó ese punto de partida. Cuando comenzó a pensar en una carrera actoral, el cine nacional era una posibilidad remota: “se hacían una o dos películas al año”. En ese contexto, incluso aspirar a vivir de la actuación ya era un logro. Hoy, aunque la producción ha crecido, el desafío se ha desplazado hacia otro lugar: no solo hacer cine, sino lograr que ese cine circule.
Su trayectoria encarna esa tensión. Ha transitado entre televisión, cine de autor y producciones internacionales, pero ese recorrido no representa la realidad de la mayoría. La industria sigue marcada por la intermitencia, algo que la actriz aterrizó desde su experiencia: “La proporción es más o menos 100 a 1”. Detrás de cada proyecto que se concreta, hay decenas que no. “Mi trabajo es hacer castings”, agregó, desmontando cualquier idea de estabilidad.
Aun así, hay una insistencia que sostiene el oficio. Reyes habló de una “locura” necesaria para permanecer en él, una mezcla de obsesión y pasión que empuja incluso en medio de la incertidumbre. Para ella, esa es la base: encontrar algo que no te deje soltarlo.
El reconocimiento también tiene un componente emocional. “El festival es como mi casa”, dijo, al referirse a su vínculo con Cartagena y con el FICCI, un espacio en el que asegura haberse formado como espectadora y como actriz. “Me siento la embajadora de este festival y de la ciudad”, añadió, conectando su historia personal con el lugar que hoy la reconoce.
En medio de la conversación, también apareció el presente de la industria: la sobreexigencia, la necesidad de adaptarse a nuevas dinámicas como los videocastings o la presión de las redes sociales. Un escenario donde, más allá del talento, la permanencia depende de la capacidad de reinventarse constantemente.
El Premio Salvo Basile, entonces, no solo celebra una trayectoria. También deja ver las condiciones que la hicieron posible y, al mismo tiempo, las que aún limitan que ese camino se repita con mayor frecuencia.
Porque si antes era imposible siquiera imaginarlo, hoy la pregunta es otra: por qué, a pesar de los avances, sigue siendo tan difícil sostenerlo.