Mukira: una historia infantil que enfrenta el miedo y el odio
Por Natalia Yáñez
Hay historias que empiezan con un monstruo, pero en realidad nunca han tratado sobre él. Mukira es una de esas películas: una que, bajo la apariencia de un relato infantil, termina hablando de algo mucho más profundo y cercano.
Mukira abre el panorama del cine infantil en Colombia, especialmente por el reto que implica una animación musical en una industria donde este tipo de propuestas sigue siendo poco frecuente. Esta ópera prima de Estefanía Piñeres demuestra que sus ocho años de trabajo se traducen en una obra sólida, capaz de conectar con su audiencia desde lo emocional y lo cultural.
La historia se construye a partir de dos sentimientos centrales: el miedo y el odio. A través de ellos, la película propone un viaje que, aunque en apariencia responde a una narrativa infantil —descubrir qué son los monstruos y cómo enfrentarlos—, sugiere una lectura más profunda. En ese recorrido, Mukira dialoga con una realidad que ha marcado al país: una historia atravesada por la violencia, donde esos “monstruos” pueden entenderse como metáforas de conflictos que no siempre son visibles, pero sí profundamente sentidos.
Uno de sus mayores aciertos está en la construcción de su universo. La selva del Pacífico colombiano no es solo un escenario, sino un elemento narrativo que define el tono de la película. Los colores vibrantes, la música inspirada en la región y la presencia de una protagonista —una niña negra— aportan una identidad clara, poco común en la animación nacional. Esta apuesta no solo amplía la representación, sino que también construye un imaginario propio que se aleja de referentes tradicionales.
En términos narrativos, la película toma elementos reconocibles del cine animado —como el acompañante animal, la figura espiritual que guía o el uso de canciones para avanzar la historia—, en una línea cercana a modelos como los de The Walt Disney Company. Sin embargo, lo interesante es cómo estos recursos se integran sin perder el carácter local, logrando una mezcla que resulta familiar y, al mismo tiempo, distinta.
Su estreno en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, el 19 de abril de 2026, fue una prueba clara de su impacto. El Teatro Adolfo Mejía, lleno, respondió con aplausos y entusiasmo, confirmando que la película logra conectar más allá de su público objetivo.
Mukira representa un primer paso importante hacia un cine infantil colombiano más ambicioso y consciente de su identidad. En un contexto donde estos contenidos enfrentan múltiples desafíos, la película demuestra que vale la pena asumir el riesgo. Ahora, su verdadero reto será mantenerse en conversación y llegar a salas comerciales, donde podrá consolidar ese vínculo con el público que ya empezó a construir.