Mejor Largometraje Iberoamericano en el FICCI: Lo demás es ruido
Por Natalia Yáñez
Lo demás es ruido parece una película pequeña: un apartamento, una entrevista, personajes que entran y salen. Pero rápidamente deja claro que no necesita más para sostener todo lo que propone. No por nada se llevó el premio a Mejor Largometraje Iberoamericano en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias.
No pensé que fuera a ser tan chistosa como fue, pero tampoco es una comedia constante. El mismo Nicolás Pereda dijo en su última proyección en Cine Colombia de Bocagrande, el 19 de abril, que cuando la escribió no imaginaba muchos de esos momentos como graciosos. Y se nota: la risa aparece, pero no está todo el tiempo. Hay algo incómodo que atraviesa la película y es desde ahí que funciona.
No son tanto los silencios lo que construyen el ritmo, sino los sonidos incómodos, las interpretaciones musicales que descolocan y los diálogos que se sienten raros, extendidos, casi fuera de lugar. Todo eso arma una atmósfera que por momentos es divertida, pero también tensa.
Gran parte de eso es Teresita Sánchez. Sin su presencia, la película no sería lo mismo. Hay algo en su forma de estar que sostiene todo: pasa de lo absurdo a lo íntimo sin romper el tono, y hace que lo cotidiano se vuelva extraño.
El trabajo de cámara y, sobre todo, el sonido, terminan de construir la experiencia. Se siente como si uno estuviera dentro del apartamento. No solo por lo que se ve, sino por lo que se escucha: el ruido de la calle, el vecino, lo que nunca entra en cuadro pero está todo el tiempo presente. Como explicó Pereda en esa misma proyección, el sonido no acompaña la narrativa, la completa .
A medida que avanza la entrevista, la película deja de ser solo una situación incómoda o divertida. Cuando empezamos a conocer más de Teresa, aparece otra capa. Hay una escena donde se siente claramente la intimidad del personaje, donde todo baja y la película se vuelve más cercana.
Y ahí el título cobra sentido. En medio de todo —la entrevista, los ruidos, las interrupciones— hay algo que se queda, y todo lo demás pasa a segundo plano. Ruido. La película juega con esa idea sin decirlo directamente.
Sin ser una propuesta grande, Lo demás es ruido logra algo muy preciso: moverse entre lo incómodo y lo íntimo, entre lo absurdo y lo emocional, con muy poco, pero muy bien usado.