“Manual para invocar fantasmas”: sanación desde la empatía

Por Luis Romero

Un conjunto de actrices se adentra en un colegio abandonado con la intención de recrear, por medio de una obra de teatro, las historias de un grupo de mujeres víctimas de trata y explotación. Lo que en un principio se pensaría como un trabajo meramente interpretativo, poco a poco se resignifica para dar paso a un ejercicio de alivio ante las profundas heridas emocionales.

El largometraje “Manual para invocar fantasmas”, dirigido por la colombiana Juliana Zuluaga Montoya, construye una narrativa en la que se mezclan las experiencias vividas por las actrices protagonistas y el universo que existe dentro de la propia obra, estableciendo así un tono fluido en el que los límites entre las representaciones constantemente se cruzan, lo que hace que la experiencia sea mucho más inmersiva.

La película avanza de forma pausada, se da su tiempo para respirar, para establecer una atmósfera profundamente íntima, que no se recarga en los excesos al momento de darle peso emocional a lo narrado. A través de una estética minimalista, se enfocan momentos simples, cotidianos, que remiten a lugares del pasado. La cámara observa con cercanía, permitiendo que el silencio, las miradas y los gestos hablen por sí mismos.

El colegio, la cocina, los jardines y las habitaciones funcionan como espacios liminales, aquellos que conectan lugares y tiempos que parecen ya lejanos: un pasado en el que se mueven las historias de distintas personas, que resultan familiares por su cercanía y extrañas por el descuido. A medida que las protagonistas ensayan, el espacio se va volviendo más íntimo; se transforma en un lugar de encuentro, en el que se sienten acompañadas.

Es por medio de estos nuevos espacios generados que hace sentido el título. La invocación de fantasmas a la que se hace alusión se interpreta como una forma en la que las protagonistas se conectan con los lugares, con sus recuerdos y la memoria que ahí vive, no de forma física, sino simbólica. Esta conexión con los lugares y con las historias de las víctimas permite que exista una catarsis para las protagonistas, una forma en la que pueden recuperar el control de sí mismas.

Uno de los mayores aciertos de la película es su enfoque ante las historias que aborda. En lugar de caer en narrativas re victimizantes, la directora centra su mirada en el coraje de quienes lo vivieron, en sus formas de resistencia ante los escenarios más desfavorables.

“Manual para invocar fantasmas” es una obra con una identidad visual y narrativa destacables, que se conjugan de manera excepcional para contar una historia que plantea preguntas necesarias sin caer en simplificaciones. Su gran fortaleza está en narrar desde el entendimiento, haciendo un llamado a la acción para poder sanar desde la empatía.