Historias que resisten al olvido
Por Lauren Sierra
Poco a poco, el auditorio se fue tiñendo de azul cielo y azul oscuro, colores característicos del uniforme de sus estudiantes, y después de varios minutos el silencio invadió el lugar. Personas asombradas observaban la pantalla, enfrentándose a historias que no eran ajenas, sino parte de una realidad que muchos prefieren no mirar. Unos hablaban sobre la violencia, el desplazamiento y el reclutamiento forzado, como la de un padre viviendo la pérdida de su hija, con muchas preguntas sin resolver, y una hija que perdió a su mamá en medio del conflicto armado, todos con una idea clara: no ser olvidados a través del tiempo, sino ser recordados por sus historias.
Al ver esto, los estudiantes empezaron a hacer preguntas, a contar cómo, de una u otra forma, esos testimonios también los atravesaban.
Luego, la pantalla grande empezó a proyectar el panorama que atraviesa Tierra Bomba: El peso de la sed, un cortometraje hecho por Lilia María Herrera Jiménez —directora de la Biblioteca Comunitaria Alas Libres de Tierra Bomba—, que con valentía quiso mostrar cómo a veces los isleños deben elegir entre comer y comprar agua, que no es saludable, que afecta la salud de niños y ancianos, y, sobre todo, hacer conciencia de que, frente a los imponentes edificios de Bocagrande, se encuentra una comunidad que pelea diariamente por sobrevivir ante la falta de servicios públicos de calidad, con la esperanza de que el distrito o alguien pueda brindarles la ayuda que tanto necesitan desde hace muchos años.
Los directores de cada una de las muestras se juntaron en la tarima, dando a entender que, a pesar de tener distintas narraciones para contarle al mundo a través del séptimo arte, todos tienen una misma necesidad: que sus historias resisten al olvido.