Encierro y melancolía

Por Lauren Sierra 

Lejos del bullicio y euforia que caracteriza a las coloridas calles del Centro Histórico, en el Salón Pedro de Heredia del Centro de Cooperación Española, Andrés Felipe Ardila, cineasta de la Universidad Nacional e investigador audiovisual, presentó su libro Encierro y melancolía: Narrativas del afecto del cine en Bogotá 2010-2020.

A la entrada, una mesa recibía a los asistentes con ejemplares del libro que serían obsequiados, como una invitación silenciosa a descubrir el libro.

Durante el encuentro, expuso su particular forma de entender el cine: meditando las emociones de los personajes que son atravesados por los silencios y conflictos internos , analizando con cuidado aquello que sienten, espacios en que habitan (especialmente si son cerrados).

Para Ardila, el cine va más allá de contar una historia, representa una exploración de lo íntimo. “El libro es para estudiar sobre el cine, dejarse influir de las emociones de las películas, que ojalá sintiendo algo de esa descripción que son películas muy difíciles de ver y que no son tan accesibles en casi ningún lado y que las descripciones hagan que las personas sientan un poco más”, dice. 

En medio del evento, estudiantes y cineastas dejaron de tomar notas para adentrarse en la conversación evidenciando el contraste que hay en comparación con el ambiente que se vive en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI), donde predominan la celebración, el espectáculo y las alfombras rojas. Frente a esto, su trabajo se ubica en el otro extremo: la de un cine independiente, íntimo y académico, lo que también generó un intercambio de ideas que evidenció las formas de experimentar el cine más allá de algo comercial.

Desde emociones como el miedo, la vergüenza y la ironía, Ardila construye una forma de ver y hacer cine que no busca el impacto inmediato, sino la reflexión; lo que lleva a la mesa un tema interesante, la forma en que los bogotanos y Colombia en general ven el cine.

Más que ofrecer respuestas, el encuentro dejó una idea clara, el cine también puede ser un espacio para detenerse, pensarse y sentirse desde lo más profundo.