El Tren Fluvial: ¿Cuánto nos cuestan los sueños?
Por Sebastián Domínguez Barón
“El Tren Fluvial” es la más reciente película del dueto de directores argentinos Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale. Tras su estreno en el Festival Internacional de Cine de Berlín, en febrero de este año, y su proyección por ciudades como Moscú y Nueva York, el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias en su edición número 65, recibe en el Teatro Adolfo Mejía esta cinta independiente, que forma parte de la Competencia Iberoamérica Largometrajes.
Cuenta la historia de Milo, un niño de nueve años que vive en el campo y es bailarín de Malambo, una danza folclórica argentina, que un día decide darle pastillas para dormir a toda su familia y escapar de casa hasta la ciudad de Buenos Aires a probar suerte y encontrarse con más oportunidades. En este viaje se enfrentará a la dureza del mundo completamente solo.
El tren fluvial, desde su premisa, podría clasificar en el trope del “artista obsesivo”, en las películas de este tópico, las tramas giran alrededor de personajes que tienen una gran pasión por un arte o deporte específico y son capaces de cruzar cualquier límite con tal de alcanzar su objetivo. Este tipo de personajes suelen sacrificar hasta sus propios principios con tal que conseguir lo que quieren, en este caso, el protagonista lo hará al dejar a su familia de lado, para escapar de su hogar.
Lo interesante de este filme, es que logra dar un giro de tuerca al situar a un niño de nueve años enfrentando las dificultades de la ciudad por su propia cuenta. Esto hace que se viva la historia a través de los ojos de Milo, animando al espectador a adentrarse al mundo de este infante con ganas de triunfar, y nos hace empatizar con él desde la inocencia y la emoción característica de un niño de su edad..
Sin embargo, el mayor diferencial de esta película es cómo aborda temas cómo el fracaso, mientras otras historias de este tipo, optan por puestas en escena catárticas y angustiantes. “El Tren Fluvial” si muestra irá e incluso negación, pero lo aborda desde una vulnerabilidad esencial para empatizar con el niño protagonista. En ese sentido la película no se siente desesperanzada sino cercana y afable.
Los asistentes del festival tendrán una segunda oportunidad de verla este sábado 18 de abril a las 5:40 p. m. en las salas de Cine Colombia de Plaza Bocagrande.