“Anoche conquisté Tebas” Preocupaciones atemporales
Por Juan Sosa
¿Qué es lo que separa a un grupo de amigos portugueses del siglo XXI de dos legionarios romanos en vísperas de guerra? Casi nada: el mismo miedo a perder al otro, la misma lealtad puesta a prueba, el mismo peso de las despedidas. Anoche conquisté Tebas construye su argumento más sólido sobre esa pregunta silenciosa.
Gabriel Azorín, director de la película, presenta su primer largometraje de ficción con una fe declarada en el cine para reencantar el mundo, poniendo a la amistad por encima de otra cosa como tema principal. Una amistad tan poderosa que retrata a la masculinidad en su forma más frágil como cuando Antonio, uno de los jóvenes amigos le confiesa a Jota el miedo que tiene de perderlo porque cree que está hecho para grandes cosas y explotar ese potencial trae consigo tomar un rumbo diferente y lejos de su vida junto a Antonio; exponiendo la existencia de este tipo de intimidad entre hombres.
La mayor parte de la película transcurre en unas antiguas termas romanas que el grupo de amigos decidió ir a explorar. Estando ahí, se establece una visible diferencia entre lo que provoca estar en las termas en ciertos momentos del día: mientras el sol sea visible, todo es muy dinámico y alegre; pero al anochecer, desprenden un aire melancólico que hace que los personajes evoquen sus preocupaciones con total naturalidad.
Es en este escenario donde se conectan las dos historias que, a primera vista, no parecen ser separadas por dos milenios, ya que se muestra a los chicos bañarse en las mismas termas que construyeron los soldados romanos de hace más de 2000 años que son mostrados como personajes bárbaros en la mayoría de películas, quienes también en su tiempo, se encontraban en el mismo lugar, dialogando acerca de los mismos temas, confesando sus más íntimas preocupaciones el uno al otro influenciados por la atmósfera creada por un balneario compartiendo la misma sensibilidad que los jóvenes de la actualidad.
Anoche conquisté Tebas reproduce conflictos de los guerreros antiguos que prevalecen a día de hoy, pero no son conflictos bélicos, es algo más allá de una guerra sangrienta.
Quizá algún día vaya a unas termas con mis amigos y les diga lo mucho que los quiero, pero por ahora, solo es un pensamiento.