Victor Gaviria

Victor Gaviria

Víctor Gaviria es psicólogo y poeta y eso se nota. Se nota en su genuino interés por unos personajes nacidos o hechos en los márgenes, en las orillas –o incluso más allá de toda orilla, como si fuera imposible llegar a un lugar al que aferrarse para evitar el ahogamiento–, de una Colombia excluyente y un Medellín peligroso y doloroso.

Para nadie es un secreto que su manera de hacer cine es –y quizás será por siempre– la de sumergirse personalmente en esas calles del Medallo nocturno en busca de historias.  Escuchar, ver, repensar y crear, un proceso simultáneo donde la obra se hace a medida que se hace, con una poesía que tiene mucho de desasosegada y desazonadora.

Una infinita tristeza traspasa sus películas como si la esperanza fuera poca, a pesar de Víctor o con él, a pesar de su aspecto afable y su entrañable habilidad para generar confianza. No es su función la de cambiar el mundo. Su labor es otra. Adentrarse, con la mirada de psicólogo y la poesía del  hombre descontento, en ese Medellín que tanto conoce
y que también le conoce. A modo de cronista. A modo de ser humano.

El antioqueño Víctor Gaviria nación en 1955. Hizo estudios de psicología en la Universidad de Antioquia y es un laureado poeta que cuenta en su haber con una decena de libros. Entre poemas y relatos para Gaviria ha sido siempre inequívoca su vocación de narrador. A finales de los años 70 recibe sus primeros premios con sus cortos grabados en súper 8. Desde Buscando tréboles (1979) a Los habitantes de la noche (1983), Premio India Catalina allá por la XXV edición del FICCI, La vieja guardia (1984) o Los músicos (1986).  Rodrigo D. No futuro (1990), fue la primera película colombiana en presentarse en el Festival de Cine de Cannes.

Entre ella y La vendedora de rosas (1998) su vocación de cronista y contador de historia siguió desarrollándose de la mano del documental: Los polizones de la nueva colonia (1991, Premio Simón Bolívar) o Simón el mago (1992), entre otros.

Sumas y restas (2005) y La mujer del animal (2017) completan sus cuatro largometrajes que son su particular radiografía de esa ciudad de amores y odios que ha sido siempre su escenario: Medellín.