Vincent Cassel

Vincent Cassel

Cuando Vincent Cassel retira su mirada dura, su expresión de hombre rudo capaz de derribar al enemigo a puñetazos y deja asomar su media sonrisa, es fácil imaginarlo de niño, escudriñando con sus ojos azules y su gesto travieso a su padre, el también actor y bailarín Jean-Pierre Cassel, disfrazado y bailando feliz en casa, empujándole inconscientemente a amar el oficio que le ha acompañado durante toda su vida. Quizás ese hechizo fue el que le impulsó a tomar clases de danza y circo y el que lo llevó luego a estudiar arte dramático en París y en el Actor´s Institute de Nueva York.

Nacido en ese París contestatario y rebelde de los años 60, tanto el hombre como sus personajes, arrastran aun mucho de ese no resignarse y mantener un pulso permanente con la vida. Como él mismo ha reconocido en más de una ocasión, no le gustan los personajes buenos e inmaculados, esos que son todo luz y bondad, porque nadie es absolutamente bueno y todos tenemos nuestros propios demonios. Por ello sus personajes suelen ser siempre seres humanos atormentados, malos si se quiere, hombres que siguen sus más bajos o sus más primitivos instintos en pos de venganza, de placer o de redención. Por ello acepta que se le hable de esa cierta animalidad que deja su paso por la pantalla, porque la violencia le interesa, como le interesa la pasión y la rebeldía, aquella que un día, cuando apenas comenzaba lo colocó entre los Enfants terribles del cine francés.

Gran parte de “culpa” en ello la tuvo El odio y el personaje de Vinz, que le catapultaría a la fama internacional. Un Vinz a quien en cierto modo conocía pues las noches de rumba parisina llevaban a Cassel a alternar entre los tugurios y los suburbios donde nació el hip hop francés y los clubes más refinados donde todo el elitismo, todo el cinismo y todo el chovinismo parisino se hacían latentes. Quizás por ello hoy vive en Río de Janeiro, lejos de todo ese esnobismo.

Seis de sus películas seleccionadas de una intensa y diversa filmografía, forman parte de esta retrospectiva y homenaje que le hace el FICCI 57. El odio (1995) de Mathieu Kassovitz, Dobermann (1997) de Jan Kounen, Sur mes Lèvres ( 2001) de Jacques Audiard, Notre jour viendra (2010) de Romain Gavras, Il racconto dei racconti (2015) de Mateo Garrone, ganadora de 18 premios internacionales y nominada a la Palma de Oro de Cannes; y como cierre del tributo Solo el fin del mundo (2016) de Xavier Dolan, Gran Premio del Jurado y el Premio del Jurado Ecuménico en Cannes.

Carismático, inquieto, impetuoso, intuitivo, pura energía en el set, amante del surf, padre y sobre todo actor, así es en una pequeña parte, Vincent Cassel, porque celoso de su vida privada, como siempre ha sido, conocemos de Cassel lo que sus personajes nos cuentan. En unos hay más de él, en otros menos, pero en todos está siempre presente la misma pasión, el mismo respeto por el oficio y el mismo deseo por dar un paso hacia alguna dirección diferente, y ojalá controvertida.

El tributo a Vincent Cassel y su presencia en Cartagena es posible gracias al apoyo del Año Francia-Colombia 2017, la Embajada de Francia, Institut Français y Unifrance.