Denis Lavant

Denis Lavant

Una vena palpita en el brazo de Galoup,-sargento de la Legión Extranjera en África-, mientras hace su cama con la precisión habitual, estira las sabanas y acomoda las cosas, no sin antes preparar su arma. Esa vena que palpita fibrosa, ligera pero intensa, nos lleva al más pequeño lugar desde el cual se expresa Denis Lavant: su sangre. De ahí a sus venas, sus músculos, a él. Su cuerpo -y la vivencia de él-, es uno de los dones que nos ha entregado este actor francés, desde su debut en Boy Meets Girl, donde encarnó a Alex, esta suerte de alter ego del director Leos Carax.

El cuerpo, esa última frontera, es en Lavant la marca, el lugar y el destino. Desde el Alex de Carax, el Chaplin de Korine, el Emil de Kim Ki-duk o el transeúnte de Tsai Ming-liang. La piel es el idioma en Lavant, quien ha trabajado con directores sin dominar a veces sus lenguas, quizás sin pronunciar una sola palabra, porque desde la piel y su perturbadora mirada ha sido capaz no solo de captar sino de transmitir lo más diversos estados y sentimientos. Con Anton en Tuvalu, parecería haber encontrado una pieza que lo define a él mismo: el guardián de una tradición en estado de implosión. Él ahí, arriba, abajo. Ahí. El tiempo de Lavant es un presente que contiene todos los tiempos.

Ni sus personajes, ni él, ni sus directores le han temido al desorden, no solo de las historias, sino de sí mismos. Holy Motors, sin duda, es una película que condensa la presencia actoral de Lavant y su relevancia en el cine. Monsieur Oscar cambia, transmuta en cada una de sus citas, que cumple rigurosamente por la simple “belleza del gesto”. Es el cuerpo como centro estable y mutable de la representación que conduce, no solo al actor, sino a la película misma. Una única verdad parece dejar este film, en una era donde el artificio está incorporado a la realidad: la presencia de un cuerpo, del cuerpo de un actor, es lo que permanece estable en la imagen.

Inspirador e imborrable, este actor esencial, emotivo y a la vez dotado de enormes posibilidades técnicas que ha bebido de las tradiciones de la comedia muda, la acrobacia, la danza o el arte callejero, se ha caracterizado por un riguroso cuidado a la hora de escoger sus trabajos, los cuales vive de una manera intensa que solo siendo así pueden haber logrado penetrarnos de manera tan fuerte. Como a todo gran artista, a Denis Lavant nada de lo humano le es ajeno, y gracias a esa generosidad ha ampliado en nosotros las fronteras de la ternura, el deseo, el misterio y sobre todo la belleza.

El tributo a la Lavant y su presencia en Cartagena es posible gracias al apoyo del Año Francia-Colombia 2017, la Embajada de Francia, Institut Français y Unifrance.

Diana Bustamante