Gaspar Noé

Gaspar Noé

En 1991 el Festival de Cine de Cannes le da el pistoletazo de salida a la corta pero ampliamente discutida obra cinematográfica de Gaspar Noé. El premio de la Semana Internacional de la Crítica Francesa reconoció ese año un cortometraje de cuarenta minutos, Carne (el tercero de su filmografía), que exhibía abiertamente el repertorio de pesimismo existencial -con eventuales alusiones a la redención-, crudeza de la mirada y eficacia de medios para llevar hasta la irritación o el escándalo al espectador. El director franco-argentino perfilaba su marca.

Las advertencias sobre imágenes fuertes y lenguaje crudo, el rotundo esquematismo de las situaciones y personajes, las frases lapidarias (escritas a manera de intertítulos), demostraban un talento nato para la provocación que sus posteriores películas no hicieron más que intensificar. El personaje del carnicero, interpretado por el mismo actor, Philippe Nahon, reaparecerá, con más alcance en su caída al abismo, en la ópera prima de Noé, Solo contra todos. La violencia sexual y emocional de esta película lo contamina todo. El “ordinario fascismo” del personaje, es antes que nada la acusación brutal a una sociedad que impone un “infame comercio” de cuerpos y relaciones del cual no hay escapatoria posible, salvo la muerte.

El carnicero de Nahon vuelve a aparecer en un cameo en Irreversible, segundo largo de Noé. Oscuro filme que escarba en las entrañas del mal, pero que a la vez está planteado como una suerte de viaje a la semilla, al origen. El universo Noé, aunque reconocible, admite variaciones. La crudeza se matiza con esbozos de misticismo. La demanda de amor o la necesidad de un vínculo, incluso más allá de la muerte, va a estar presente también en Enter the Void y en Love.

La experimentación en recursos estilísticos, estructuras narrativas y potencialidades tecnológicas, desde esa narración en sentido inverso de su segundo largo, el despliegue hipnótico de las imágenes en Enter the Void o el 3D en Love hablan de un director que no solo provoca con sus temas tabú, sino forzando, estirando las posibilidades de lo que el cine puede mostrar y los medios a su alcance para lograrlo. Noé se sirve de la técnica para este propósito. Con su despliegue de grúas, giros de cámara y un menú variadísimo de encuadres, Enter the Void se propone nada menos que hacernos ver el viaje de un cuerpo desencarnado por una Tokio hipertrofiada, precisamente, a causa de la tecnología. Con el 3D, al servicio de una película recorrida por la pasión sexual, el director busca obligar a una herramienta técnica a que produzca experiencias nuevas.

Más que un “enfant terrible” que se complace en @**@épater les bourgeois@**@ (impresionar a los burgueses), dos mitos franceses por excelencia, Noé abre el camino para un cuestionamiento profundo del pudor habitual del cine respetable.

En su representación explícita de la violencia o la sexualidad, dos temas recurrentes en su filmografía, el director hace parte de una tendencia más amplia del cine contemporáneo. Solo que al acento de sus trabajos parece querer decirnos que el precio de ver más es un profundo estremecimiento de las rutinas, las certezas y la comodidad moral. Su cine es una invitación a ese arriesgado y necesario desplazamiento.

Pedro Adrián Zuluaga