Pablo Trapero

Pablo Trapero

Director, guionista, productor y montajista, Pablo Trapero (San Justo, Buenos Aires, 1971) es uno de los nombres fundamentales en la reinvención del cine argentino y latinoamericano de las últimas décadas. El estreno en 1999 de su primer largometraje, Mundo grúa, significó –junto con Pizza, birra, faso de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano– uno de los hitos fundacionales de lo que desde entonces se conoció Nuevo Cine argentino: un movimiento estético y generacional que creyó en el cine de bajo presupuesto, el arraigo social de las historias y personajes y el realismo delo cotidiano. En 2002 exhibió en el Festival de Cannes El bonaerense, una inmersión en la policía de la provincia de Buenos Aires con su corrupción y sus rituales, vistos a través de un entrañable y confundido personaje principal. Ese mismo año fundó la compañía Matanza Cine y empezó a desarrollar una carrera paralela como productor que lo ha llevado a estar al frente de películas de directores como Raúl Perrone, Albertina Carri y Ezequiel Acuña, entre otros. En 2004 presentó Familia rodante, comedia y road movie sobre una familia numerosa que parte hacia una boda en una casa rodante, desde Buenos Aires hasta Misiones. En este filme, exhibido en su momento en el Festival de Cine de Cartagena, ya se ve clara la habilidad de Trapero paraexplorar temas, paisajes, personajes y soluciones formales y narrativas siempre nuevas. En Nacido y criado (2006), describe el viaje al sur de Argentina de un exitoso publicista de Buenos Aires, un  viaje de reconciliación y reconocimiento que le sirve para enfrentar el duelo por la muerte de su hija. Leonera (2008), protagonizada por su esposa —la actriz y productora Martina Gusmán—,muestra la cruda realidad de la maternidad en las cárceles. En Carancho (2010) realiza un ejercicio de cine negro, con dos personajes centrales en la vorágine de la ilegalidad. Su última película Elefante blanco (2012) retrata de nuevo una institución, en este caso la iglesia e insiste en abordar problemas sociales con una mirada incisiva, sin concesiones.Trapero, con siete largometrajes y varios cortos a su haber, es un cronista de la Argentina contemporánea, de sus contradicciones y su desigualdad, pero también de su energía y vitalidad.El tributo que el FICCI 55 le rinde al director y productor argentino, reconoce no solo el enorme interés y la probada coherencia de sus películas, sino su esfuerzo por crear las condiciones para que el cine sea posible. Celebra su visión integral dentro de una industria competitiva y exigente y su doble solidaridad: la de un cineasta siempre atento a la deriva de sus personajes, casi siempre excluidos del orden social y en una lucha permanente por la supervivencia, lo que no les impide defenderse con las armas del humor, el escepticismo o la ironía. Y la de un productor que se compromete con el cine de los otros, como si fuera propio.